Para toda la familia, desde bien jovencitos. La sociedad está experimentando cambios drásticos que no todos aprecian. Se degradan valores como el respeto, la compasión, el sacrificio,.... Para muchos, el amor pasa de ser un te quiero mas que a nadie en este mundo a un te odio rotundo. La Biblia es el equilibrio perfecto. https://sites.google.com/site/willveru/
domingo, 19 de junio de 2011
EL SERMON DEL MONTE 7/20
La séptima bienaventuranza: "Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios".
¿Han jugado alguna vez al "ahorcado"? Cada vez que Jesús hablaba, a Satanás le apretaba más la soga en el cuello. Las bienaventuranzas son semejantes a los libros de Salmos y Proverbios. Cuando Jesús dice bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios, los no pacificadores ya entienden "malditos los no pacificadores, porque serán condenados".
Ser pacificador implica un riesgo. Imagínense que dos hombres se están peleando a puñetazos y patadas. Ser pacificador implica poner paz, con el riesgo que ambos se pongan de acuerdo para agredirlo.
Hitler quería la guerra. Para ello, eliminó primero a los pacificadores. Miles de religiosos y pacifistas fueron encarcelados, torturados y asesinados por tratar de poner paz de una u otra manera.
La conclusión de la bienaventuranza: Jesús es el Hijo de Dios. Los pacificadores serán llamados "Hijos de Dios".
Satanás es todo lo contrario. Es homicida desde el principio. Ahora Jesús va a por él y lo manifiesta públicamente. ¿Qué hará el pobre diablo?
Jesús predica su voluntad a los oyentes. Su ejército es de paz y de pacificadores con los hombres. Con los enemigos de Dios, Satanás y sus demonios, serían un ejército demoledor. Así lo cuenta la historia. El cristianismo arrasó con todas las religiones europeas que se fundaban con mentiras, prácticas esotéricas y sacrificios. Con Dios el humanismo pacificador pudo con los violentos. El resto del mundo tardaría un poco más.
Ser pacifista es también una órden que el soldado de Jesús debe obedecer cuando implica una colaboración ciudadana con las autoridades. Es un deber cristiano denunciar delitos y a delincuentes a las autoridades, de lo contrario seremos unos hipócritas si oramos por la paz.
Esto no significa resultados inmediatos por parte de las autoridades, sino un deber que nosotros, como cristianos debemos cumplir. En mi caso, a veces me desespero con la lentitud que van las cosas. Por esto, la cuarta bienaventuranza va dirigida a los que tienen hambre y sed de justicia, porque en esta Tierra es lo que hay. Pero un día terminará esta agonía y todo se resolverá para siempre. Así será la eternidad que espera a los que confían en Dios.
Un mar de desgracias es lo que espera a los violentos y anti-pacificadores. Así es la vida de los espiritistas, una amargura interminable. Tienen a demonios dentro que los poseen. Si ellos son así de amargos, su único consuelo es engañar y autoengañarse para vivir en fantasías inexistentes. No tocan con los pies al suelo. Son enfermos mentales, histéricos, amargados, violentos, esquizofrénicos, vagos, estafadores, drogadictos, obsesos sexuales, han decidido ser basura de la sociedad.
¡Menudo orgullo!
Dios es el remedio. El sana todas las dolencias del alma.
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