domingo, 22 de mayo de 2011

EL SERMON DEL MONTE 1/20



En el evangelio de Mateo capítulos 5, 6 y 7 vemos el mayor sermón que Jesús hizo. El capítulo 5 empieza después de unas predicaciones de Jesús tan sabias e interesantes que muchos le siguieron. Viendo la multitud, Jesús sube a un monte y predica a la gente que le sigue. No baja hasta el capítulo 8. Estos tres capítulos contienen tanta enseñanza, que fraccionaré el estudio.

Los seguidores de Jesús tenían hambre espiritual. Querían saber la verdad y si ésta se había personificado en la persona de Jesús, no podían desaprovechar tal acontecimiento histórico. Querían escuchar a Jesús que enseñaba cosas nuevas. En realidad, lo que hacía Jesús era aplicar la Ley de Dios a las circunstancias que surgían a su paso.

Imaginemos un curso escolar: Tiene varias asignaturas y cada una de ellas tiene varias lecciones. Lo que hace Jesús en el sermón del monte es brevemente tocar todas las asignaturas y todas las lecciones de cada una de ellas. Por esto, tocar unos pocos versículos, en ocasiones tan solo uno del sermón del monte, es suficiente para hacer una predicación de más de una hora, incluso, para escribir un libro.

Puede parecer exagerado querer explicar tantas cosas en tan poco tiempo. Por lo general, no es recomendable. Normalmente, en un estudio, se expone un tema y se centra en exprimir su contenido. Pero a Jesús le vino una inmensa multitud abierta para recibir todo tipo de enseñanzas y Jesús no los decepcionó.

Para Satanás, el sermón de Jesús debió explotarle como una bomba de metralla que alcanza todas las direcciones. Si el objetivo del diablo es podrir el alma humana, la explosión de Jesús era para sanarla.

El Maestro empieza el sermón derecho al grano. El pueblo Judío esperaba estar con Dios toda la eternidad, era el pueblo escogido desde las promesas de Dios a Abraham. Cuando Moisés dio la Ley de Dios al pueblo, éste murió en el desierto sin haberla cumplido. Sus descendientes entraron en la tierra prometida, pero el cumplimiento de la Ley era imposible. Cada año ofrecían sacrificios para el perdón de los pecados, porque se necesitaba ser perfecto para poder cumplir todos los requisitos de la Ley. Cuando no se fallaba en una cosa, se fallaba en otra. Así, siempre habían sacrificios expiatorios.

El primer versículo del sermón termina con esta carga que el pueblo hebreo llevó desde 2.000 años a.C.
"Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos." En tan pocas palabras resumía Jesús el camino para la salvación. Hasta entonces, los hebreos tenían la Ley y los profetas. Tantas escrituras, sacrificios y enemigos que los acosaban... y viene Jesús y los sorprende a todos.

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