domingo, 27 de marzo de 2011

PREDICACION DE JUAN EL BAUTISTA

En los cuatro evangelios encontramos el relato de la predicación de Juan el Bautista. Su ministerio está en una región árida, montañosa y poco poblada,  el desierto de Judea, al oriente de Jerusalén.
Hacía siglos que el pueblo de Israel esperaba al Mesías prometido. Durante este tiempo, no faltaron impostores que pretendían ser dicho Mesías. Todos ellos acabaron en evidencia de ser unos falsantes. Cuanto peor iban las cosas en Israel, más se esperaba de dicho Mesías.
Humanamente hablando, el trabajo de Juan el Bautista predicando al Mesías esperado y presentando a Jesús que hablaría de paz y amor en lugar de guerra y exterminio a los romanos era desalentador. Mucho tenía en contra:
  • Lo normal sería empezar predicando en la capital: Jerusalén. Pero empezó por el desierto.
  • Predica arrepentimiento de pecados cuando el pueblo estaba sediento de sangre de sus enemigos.
  • Hace referencia a las Sagradas Escrituras. Isaías profetizó de Juan el Bautista diciendo: "Voz del que clama en el desierto: ¡Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas! Desde luego es lo que hacía falta porque hasta los religiosos se habían corrompido en extremo, pero convencer a los israelitas con estos argumentos no parecía fácil.
  • Vestía pelo de camello, su comida era langostas (saltamontes) y miel silvestre. Para algunos debía ser un loco impresentable que no se le debía hacer caso.
Sin embargo, sucedió lo ilógico, porque lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. A él acudían personas de Jerusalén, toda Judea y toda la provincia de alrededor del río Jordán y eran bautizados, confesando sus pecados.
También acudieron los hipócritas a bautizarse. Estos son los que se apuntan a lo que hace la mayoría para quedar bien. Está de moda ir al Jordán y dejar que Juan el Bautista me bautice, pues me apunto.
Cuando Juan vió que se acercaban al bautismo los fariseos y saduceos (religiosos), aprovecha para atacarlos duramente. Les llamó generación de víboras en lugar de aceptar el arrepentimiento de sus pecados. Además, declaró que no solo no se arrepentían de corazón, sino que huían de la ira venidera de Dios. Les ordenó producir frutos dignos de arrepentimiento y no escusarse pensando en que por ser descendientes de Abraham ya lo tenían todo resuelto. Continuó masacrando con palabras muy duras: "Dios puede levantar hijos a Abraham aún de estas piedras". Esto tenía que ser terrible para los religiosos. Ellos creían que la descendencia de Abraham era por el linaje directo de sus antepasados. Ahora Juan dice que puede levantar hijos a Abraham de entre las piedras del río (cristianos). 
Continúa hablando duro: "Además, el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego". Esta doctrina era totalmente contraria a lo que Dios prometió a Abraham, ¿o no? Dios prometió a Abraham una tierra prometida para él y su descendencia.
Ahora Juan dice que de la no descendencia (piedras), levanta hijos a Abraham y que de la descendencia, si no llevan buen fruto, se les corta con un hacha. ¿Entonces, ¿Juan invalida las promesas de Dios a Abraham? De ninguna manera. Juan fué el primero en aclarar lo que Dios entiende por descendencia. Los hijos de la fe, tanto si son descendientes físicos o no de Abraham, iban a ocupar el lugar que Dios tenía preparado desde antes de la fundación del mundo. Esta aclaración la continúan los apóstoles desde que se convirtieron los primeros cristianos. Parece como si Dios le gastó una diablura a Satanás cuando los primeros cristianos que no eran descendientes físicos de Abraham eran los enemigos de Israel, un centurión romano y todos los de su casa.
Juan aclara su labor diciendo: " Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento, pero el que viene tras mí, cuyo calzado no soy digno de llevar (o de desatar la correa), es más poderoso que yo. Así abre camino a Jesús. El bautismo de Juan era una manifestación de la persona que se bautizaba. Significaba que se arrepentía de sus pecados, entraba en el agua sucio de pecado y Juan lo sumergía un momento y cuando se levantaba ya estaba limpio de pecado. Uno podía bautizarse sinceramente o de manera hipócrita para parecer más santo a los demás. Juan advierte de la diferencia. Con Jesús no se bautizará con agua, sino en Espíritu Santo y fuego. Esto significa que la persona que acepte a Jesús como Señor y Salvador de su vida, recibirá el Espíritu Santo que es el mismo Creador dentro de su cuerpo, que ya está habitado por el espíritu de cada persona. Esto es una unión eterna entre creado y Creador. El fuego es símbolo de sellar esta promesa.
¡Qué fuerte, lo que predica Juan en un solo minuto! Termina coronando la predicación a los religiosos: "Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en fuego que nunca se apagará". De infarto deberían ser estas palabras para los religiosos. Se refiere a la existencia del infierno eterno donde irá el fruto malo que no recoge para llevarlo al granero. Es decir, que aún los que son salvos hacen cosas buenas obedeciendo al Espíritu Santo (buen fruto) y cosas  que no lo son (malas o vanas). El que es salvo irá al cielo habiendo llenado más o menos el granero de Dios y siendo quemadas más o menos sus obras malas o vanas en fuego que nunca se apagará. El que no es salvo, no tiene el Espíritu Santo,..... es paja y sus obras buenas, Dios dirá. No adquirirá por derecho un lugar en el cielo con ellas. Si así fuere, no haría falta que Dios se hiciera hombre, que se sacrificara por nosotros, que nos dejara las Sagradas Escrituras, etc.
En esto, sucede algo impensable para Juan. Aparece Jesús y quiere ser bautizado. Juan le aclara la situación y pretende ponerlo en su casilla, diciendo: "Yo necesito ser bautizado por tí, ¿y tú vienes a mí para que te bautice? Con estas palabras Juan le dice a Jesús que el que necesita el bautismo es el pecador, el que quiere estar limpio de pecado. Siendo Jesús sin pecado, no necesita bautizarse porque no tiene nada de que arrepentirse.
Jesús le aclara que de esta manera se cumplirá toda justicia y Juan lo bautiza. Se abren los cielos y desciende el Espíritu Santo sobre Jesús en forma de paloma. Desde los cielos una voz dice: "Este es mi Hijo Amado, en quien tengo complacencia".

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