Para los cristianos, los que creemos en la verdad de lo que ha sucedido, sucede y sucederá, la esperanza es un triunfo glorioso de Dios.
Todos nos enfrentamos a la fatalidad de la muerte, pero Jesucristo resucitó, y con Él todos los que somos Hijos de Dios. Los caminos en esta vida son inciertos. No sabemos qué sucederá mañana, dependemos de decisiones que a lo largo de la vida tomamos. Unas son acertadas, otras no.
También de la suerte o fatalidad. Cuando hay un accidente, una enfermedad o una desgracia, nos acordamos de Dios. A veces los humanos lo tratamos injustamente. Nos olvidamos de Él cuando todo va bien y cuando va mal se lo reprochamos. ¿Por qué no somos justos y agradecemos a Dios cuando todo va bien y culpamos a Satanás cuando va mal?
Un día el final de Satanás terminará para siempre. Para los Hijos de Dios nos espera una esperanza eterna en el paraíso donde no habrán más conflictos, accidentes, enfermedades o desgracias.
Los amantes de la violencia, injusticia, mentira y todo pecado tienen la esperanza de estar con su Jefe Satanás. La Biblia es clara, para ellos está el infierno eterno, sin esperanza, sin paz, sin amor, con muchos males y desgracias. La elección es personal, cada cual toma la responsabilidad de ponerse a la derecha o a la izquierda de Jesús. A un lado están los salvos y en la otra los que no lo son.
Mateo 25:41: Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
Hay personas que viven siendo conscientes que tienen una enemistad total con su Creador. No quieren oir nada razonable acerca del error en que están. Satanás los tiene engañados y ellos sirven al autor de la muerte de la humanidad. Satanás es el autor de la mentira, la cual produjo la muerte y la seguirá produciendo hasta el fin de este mundo.
Dios condena a Satanás, al Anticristo, a la muerte y a todos los que se constituyen sus enemigos al fuego eterno. El infierno es un lugar con puerta de entrada, pero no de salida. En él no hay esperanza y el sufrimiento es latente por toda la eternidad. Jesús lo describe en una de sus parábolas, en la que la víctima desea con buenas intenciones salir del infierno para venir a la Tierra y hablar a los suyos de lo mal que se está allí. Por boca de Abraham Dios se lo niega.
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