martes, 1 de noviembre de 2011

BALANCE DE MI VIDA CRISTIANA

La vida cristiana es un camino distinto al andado hasta el momento de la conversión. Tengo 52 años, me convertí a los 25 y desde entonces no tengo más que gratitud al Señor. Es bueno detenerse un tiempo y reflexionar sobre el camino andado.

  • Desde el principio de mi conversión, prometí a Dios vivir una vida Santa y consagrada a El.
  • De ninguna manera pensé ni por un momento dar un paso atrás.
  • Continuo con el mismo trabajo autónomo que tenía.
  • Una y mil veces Satanás ha tratado de diversas maneras de tentarme, incluso utilizando a otros humanos para tal fin.
  • Si pudiera tirar atrás para rectificar algunas cosas, es cierto que lo haría. En  su momento tuve que tomar una decisión y en aquél entonces creí ser consecuente.
  • Con el tiempo, me he dado cuenta de detalles que podían haber influido positiva o negativamente.
  • Tanto de los aciertos como de los errores creo que he aprendido la lección. La vida es una escuela, cuya meta es sacar la mejor nota. Con Cristo tenemos la matrícula de honor asegurada, pero nos pide que nos esforcemos para conseguir el máximo.
  • Nunca creí que de los espiritistas pudiera aprender algo positivo, pero a pesar de todos los males que me han causado, algo positivo he aprendido: Dios quiere amemos a nuestros enemigos. Creí hacer lo correcto ante sus amenazas, pero ellos me han mostrado que hubiese podido hacerlo mejor. Asumo mi parte de culpa.
  • Con Dios, todo va bien, hasta las más adversas dificultades. Cuando aparece Satanás es todo un fiasco. ¡¡MI RUINA!! Por esto siempre trato de evitar a Satanás y a los suyos. 
  • Jesús murió por todos los pecadores. Los no arrepentidos no serán perdonados. En la oración está la fuente de poder para acercarse a Dios y pedirle perdón. Me debo a mis enemigos a pesar de los pesares, pero a causa de sus agresiones y amenazas, los aborrecí hasta lo indecible. Dios no quiere esto de mi, aunque desconfío de mis enemigos quiere que arregle las cosas con ellos si se arrepienten. 
  • La falta de un mediador entre las partes, hace que la desconfianza crezca. Ninguna parte confía en la otra. 
  • Ambas partes pierden. Pero ¿quién juzga las intenciones? Ocurren las cosas y uno se pregunta ¿qué es lo más sabio, prudente, coherente o justo?
  • Cuando todo ha pasado y se hace una evaluación, entonces viene la luz donde se ve qué hubiese sido mejor en cada momento.
  • El libro de los Salmos refleja el comportamiento del justo (no perfecto) y el impío (injusto). En el juicio final, Dios pondrá a cada cual en el lugar eterno que le corresponda.
  • Hasta el momento de la muerte, Dios trata que el injusto se arrepienta. El cristiano, como tal, debe servir a Dios y ayudar en dicha tarea. 
Si algún espiritista recapacita y cree que puedo serle útil, puede ponerse en contacto conmigo coalserco@gmail.com. Atenderé los sábados por la tarde. Todo gratuito y con discreción.

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