domingo, 10 de julio de 2011

EL SERMON DEL MONTE 10/20

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Continúa el Sermón de Jesús en el Monte. Después de las bienaventuranzas siguen las consecuencias.
Seamos sinceros: Si Jesús fuera un impostor, un falso cristo, se lo hubiese montado mal. ¿A quién se le ocurre pintarlo todo tan difícil desde el principio. Los falsos, utilizan sutilezas del engaño para pintar sonrisas, que es lo que la gente busca, felicidad y disfrute.
Sin embargo, Jesús no esconde los sacrificios de seguirle. Sacrificios hasta la muerte, si es necesario.
Todo lo pinta con una lucha entre obedecer y desobedecer, bienaventurados los que.... y en consecuencia, malaventurados los que hacen lo contrario.
Después de terminar las bienaventuranzas con sacrificios, persecuciones e injusticias por parte de la justicia de este mundo, en el versículo 13 del capítulo 5 de Mateo nos encontramos que los bienaventurados que obedecen a Jesús a pesar de los pesares, son la sal de la tierra.


LA SAL DE LA TIERRA
Mentiras de tantas formas, religiones, políticas, costumbres, filosofías y todo tipo de creencias que hay en el mundo, Jesús lo mete en la olla de los sin sabores. Todo esto está soso o falto de sal.
Lo que verdaderamente "sazona" el hambre espiritual que tiene la persona, no son sus religiones, tradiciones o mentiras que brujos y brujas usan. La sal para el alma del humano son los cristianos que predican, porque si callan, dice Jesús, no sirve para nada la sal o silencio, sino para ser pisada por los hombres.
Jesús desprecia al cristiano que habiendo conocido el camino de salvación calla y no lo predica para que otros sean salvos.

LA LUZ DEL MUNDO
 ¿Recuerdan cómo empieza el evangelio de San Juan? Dice que Jesús es la luz del mundo. Ahora Jesús dice que la luz somos nosotros, los cristianos. Dice que nosotros somos la luz del mundo y que no se puede esconder. Los seguidores de Satanás son todo lo contrario, ocultistas, mentirosos, luz de mentira,....
Jesús dice a sus bienaventurados seguidores que su luz alumbre delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre Celestial.

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