domingo, 4 de abril de 2010

SALMO 27

1 El Señor es mi luz y mi salvación;
¿a quién temeré?
El Señor es la fortaleza de mi vida;
¿de quién he de atemorizarme?

2 Cuando se juntaron contra mí los malignos para
comer mis carnes,
ellos mismos, mis adversarios y mis enemigos,
tropezaron y cayeron.

3 Aunque un ejército acampe contra mí,
no temerá mi corazón;
Y aunque contra mí se levante guerra,
yo estaré confiado.

4 Una cosa he demandado del Señor; ésta buscaré:
que esté yo en la casa del Señor,
todos los días de mi vida;
para contemplar la hermosura del Señor,
y despertarme cada día en su templo.

5 Porque él me esconderá en su tabernáculo
en el día del mal;
me ocultará en lo reservado de su morada,
y sobre una roca me pondrá en alto.

6 Aún ahora él levanta mi cabeza
sobre mis enemigos en derredor de mí.
Por tanto ofreceré en su morada
sacrificios de júbilo;
cantaré y entonaré alabanzas al Señor.

7 ¡Escucha, oh Señor, mi voz cuando a ti clamo!
¡ten misericordia de mí y respóndeme!

8 Tú hablas en mi corazón y dices: "Busca mi rostro".
Tu rostro buscaré, oh Señor.

9 No escondas tu rostro de mí;
¡no apartes con ira a tu siervo!
Mi ayuda has sido; no me deseches;
no me desampares, oh Dios de mi salvación.

10 Aunque mi padre y mi madre me desamparen,
aun con todo el Señor me recogerá.

11 Enséñame, oh Señor, tu camino;
guíame por senda llana a causa de mis enemigos.

12 No me entregues al rencor de mis enemigos,
porque se han levantado contra mí testigos falsos;
y también los que respiran crueldad.

13 Hubiera yo desmayado si no creyese
que tengo de ver la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.

14 Espera en Jehová;
esfuérzate, y aliéntese tu corazón; *
sí, espera en Jehová!

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